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La segunda mirada (2017)

Hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son; 
aún más abiertos para verlas otras de lo que son;
más abiertos todavía para verlas mejores de lo que son.

Juan de Mairena




EL ÚLTIMO ZAHORÍ

Por Maica Rivera

https://www.casadellibro.com/libro-la-segunda-mirada/9788416762866/5320401

Autor: Daniel CasadoEdiciones Amargord, 2017. 

ISBN: 978-84-16762-86-6

Lengua ESPAÑOLA. Género POESÍA

Nº edición 1ª. - Páginas 86 - Precio 12 €

Tamaño 140 x 210

A golpe de sinestesia para definirlo, acaparamos el primer verso del sexto poema, "El inocente", y decimos que éste es un libro de "vuelo y canto". La segunda mirada apunta, neoplatónica, más allá de lo sensible, versos que despegan de detalles de la naturaleza ("Causas y azahares", "Frutos", "Los pájaros", "En la arena") o de construcciones recias de lo ordinario ("Albufeira", "Acueducto árabe", "Museo Romano" en lo  concreto; "Los amaneceres rotos" en abstracto), que acaban reducidos a sombras porque el poeta enfoca hacia lo inaprensible, en una panorámica íntima hacia lo alto, hacia lo más alto. Así es el vuelo de Daniel Casado, interior y con más turbulencias de lo que pudiera parecer. Respecto al canto, es fácil encontrar al músico en La segunda mirada, a primera vista, paradójicamente hay una significativa obstinación por jugar a los contrarios). En la referencia a Franco Battiato, sí. Pero sobre todo en los explícitos, enigmáticos "Surcos", que en sucesión discontinua pero ordenada en números ordinales titulan diez poemas. Casado esgrima la palabra contra el caos, y por eso se recrea en jugar con la geometría en su lenguaje. Es también sencillo hallar al hacedor de cultura en estas páginas, al metainterlocutor, lector de lectores, en la tercera parte del libro, "Horizontes y enigmas", con piezas como "Vidas de un libro", "Línea de la vida", "Falsos cognados" y, sobre todo, el conmovedor poema "Palabras prestadas". Lo que no es tan sencillo es descubrir al romántico entre líneas, porque Casado no se deja desarmar, es esquivo y pone distancia brechtiana; ni tampoco es fácil descubrir a la criatura doliente detrás del verso, porque Casado, juguetón, viste a la Divina Providencia con la lírica del Azahar, y se esfuerza por reprimir a ese Blas de Otero que le grita en poemas como "Soledad y silencio". No le importa tanto que se le note el Vicente Aleixandre, y posiblemente eso le conduce por arrolladores derroteros cósmicos hasta aterrizar en la filosofía oriental para dejarnos el regalo más precioso, entre el clímax del amor y el último suspiro lector: "Primer eslabón".  

             
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