Pequeñas alquimias



Mediante la palabra, una forma despierta otra forma, según su particular principio.
Jakob Böhme

 

La pequeña moneda que me llevo de aquí tiene una cara visible, hermoso rostro de mujer que me repite cuanto he aprendido en esta jornada, y una cara carcomida que noto entre mis dedos mientras regreso. ¿Qué puede decir esta boca sin labios, sino lo que me dice otra voz misteriosa, dentro de mí, que me enseña cada día mi ignorancia y mi felicidad?
Albert Camus

 

En los últimos días uno ha tenido ocasión de grabar para la radio, entre otros poemas, el titulado Moneda portuguesa. Casi al mismo tiempo, ha recibido carta desde Praga comentando esos mismos versos y ha encontrado, sin merecerlo, el texto recogido en dos blogs y una antología. Estos pequeños azares me sobrecogen dulcemente. Los datos cada vez más imprecisos que atestiguan la existencia real de tal divisa revelan, sin embargo, que su verdadera naturaleza pertenece ya al terreno exclusivo de la poesía. Si una amarga tentación me empujara a buscarla entre mis cosas, hallaría -so pena de encontrarla- bien poco de aquel que la recibió en sus manos y luego, a solas, necesitó enterrarla en un poema con el que distanciarse de ella para siempre; y menos, mucho menos aún de aquellas manos que me confiaron su custodia.

Así las cosas, buscar esa moneda es algo que hoy carece de sentido. Poder hallarla es sólo una vieja tentación de la nostalgia, el crudo souvenir de una patria lejana destruida por la lluvia. Distante o cercana, allá donde repose ya no existe para mí. La nobleza de su humilde aleación (acaso dos manos y un sinfín de palabras en medio) gira ahora transustanciada en nuevas manos, palabras y conciencias por mí desconocidas.

En ese precipicio del alma, en ese vórtice insondable que nos asoma a lo desconocido, hunde sus raíces la poesía. La signatura rerum que forman las palabras sobre la lámina del tiempo, sobre los infinitos tiempos de cada lectura, convierten la experiencia originaria en un instante en suspenso, en una realidad no completa. La más remota certidumbre de haber sobrepasado el espacio físico para instalarse, transfigurada, en obra literaria y, más aún, en la base de una nueva experiencia en la vida de nuevos lectores, nos revela una vez más que la poesía, con ser también un género literario, está más cerca de los estados del alma y los principios de la alquimia que del noble ejercicio de la literatura y la pasión por las palabras.

Desde este prisma, colmado de su importancia, las nociones de fama o prestigio aplicadas al ejercicio de la poesía carecen de significado. A no ser, claro está, que uno aspire a entretenerse por el camino.



De los cuerpos celestes


Cómo es el choque entre dos planetas, 
a qué velocidad sucede el cataclismo, 
qué lenta devastación produce, cuándo 
se pierde la consciencia del exterminio

Así el amor.



El dedo


Cuando por fin el sabio nos mostró el prodigio -su certero índice señalando a las estrellas- fui el primero y tal vez el único en advertir que aquel dedo temblaba. La concurrencia -por qué no decirlo- admiraba bobamente el trayecto imaginario entre el dedo y los astros mostrándose complaciente y crédula, entregada sin más a la celebración de lo Inefable, al bautizo de la Verdad Clara y Duradera. 

Durante la breve exposición, yo sólo pude fijarme en el dedo tembloroso y sucio, en su yema manchada de tinta, en la uña mordida con urgencia en los descansos de la lucidez y en el nudillo hinchado, sin rastro de vello. Y allí, ante todos y frente al gran vacío, aquel dedo que hasta entonces se había alzado erecto hacia el universo (mas sin verdadera fe, como puede deducirse) cayó de impulso propio hacia adelante, rebotó en los adoquines, rodó hasta la alcantarilla y desapareció.

Todos lo buscan desde entonces. No se hace otra cosa en toda la comarca. Del puerto a la montaña, día y noche se rastrea persiguiendo el dedo del sabio señalador. Se le ha podido ver de noche en bares del polígono y locales de nefasta reputación. Al parecer ha enviado un fax al Gobierno pero sólo se ha hecho pública una fotografía. En ella, escrito sobre la arena de la playa a enorme escala, hemos leído: "Que os zurzan". 

Es prioritario -han dicho las autoridades- reponer el dedo del sabio señalador. El resto de cuestiones de momento han quedado aplazadas, apiladas en el secreto abismo de las consideraciones infinitesimales.
Patologías a la carta


1º. Encienda el televisor.

2º. Elija un programa de la lista:

"Mentes criminales"
"Crímenes que conmocionaron al mundo"
"Crímenes imperfectos"
"Navy, investigación criminal"
"Caso abierto"
"Fear factor"
"Impacto total"

3º. Reconózcalo:
tiene suerte de seguir con vida.